¿En qué consiste – y en qué no- el proceso de traducción? (con ejemplos)

El proceso de traducción no consiste en un automatismo sino que hay que hacerle frente a un difícil proceso de entender el sentido del Texto Origen y reproducirlo en el Texto Meta. Por ejemplo, en la secuencia “Étsí megbé” su correspondencia en español sería ”Está espalda” pero su sentido no es ese, sino que la traducción más acertada sería “Es retrasado”. Con esto podemos deducir que traducir es entender, y que un trasvase lingüístico no sería correcto ya que se perdería el verdadero significado de la secuencia de la lengua origen.

De la secuencia “Tá a fhios agam”, que en español vendría a ser “Lo sé”, vemos que no se traducen lenguas sino manifestaciones concretas de una lengua, textos, etc. En los textos hay otros factores además de los lingüísticos (creencias, cosmovisión, ideología, cultura…). Esa secuencia del irlandés haciendo un trasvase lingüístico en español sería algo así como “Está el conocimiento en mí”, pero en español lo más apropiado sería decir “Lo sé”.

Existe un anisomorfismo entre sistemas lingüísticos, la realidad es la misma pero cada sistema la segmenta de diferente modo. Por lo tanto se deben tener en cuenta estos factores extralingüísticos y una traducción no debe consistir ni basarse solo en aspectos lingüísticos.

En la traducción hay que expresar el mismo contenido en lenguas diferentes, pero los contenidos son anisomórficos y el contenido traducido debe ser idéntico. Para ello debemos diferenciar entre contenido y designación: el contenido: contenido lingüístico que carece de equivalente/designacion: referencia a factores extralingüísticos. La designación se construye mediante significados lingüísticos pero no coincide con ellos. Tomando como ejemplo una construcción anterior, la misma designación se expresa con medios lingüísticos muy diferente: “Es retrasado”, “Étsí megbé”. Por ello, el cometido de la traducción no es reproducir el mismo significado, sino la misma designación con los significados de la lengua. En otras palabras, la traducción no es traducir significados, sino designar idénticamente con medios lingüísticos diferentes.

No pueden buscarse equivalencias en el significado ya que este no se puede traducir porque es un elemento concreto de una lengua concreta; que la traducción se haga a nivel de texto, no de lengua, demuestra que no hay equivalencia y que lo lingüístico no se puede traducir.

Por último y para sostener la idea de que un trasvase lingüístico no es posible, se puede acudir a la secuencia del vasco “Jon-ek hitz egi-ten du” que en español sería “Juan habla”. En este caso se puede observar que no existe posibilidad de un trasvase ya que el vasco segmenta la realidad de diferente forma y su gramática es muy diferente a la del español, por ello una traducción “palabra por palabra” no sería posible. En resumen, se toma la designación de la secuencia del vasco y con los medios lingüísticos del español se reproduce la misma designación.

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