El egocentrismo adolescente

Es habitual que los adolescentes piensen acerca de sí mismos. Se preocupan por cómo los perciben los demás, tratan de catalogar sus sentimientos conflictivos acerca de sus padres, la escuela y los amigos íntimos; piensan en profundidad (no siempre de forma realista) sobre sus futuras posibilidades y reflexionan con detalle sobre sus experiencias cotidianas. El análisis de los pensamientos y los sentimientos personales, la previsión del futuro y la meditación sobre las experiencias subyacen a la reflexión y a la conciencia de sí mismo. Esta mayor capacidad de centrarse en sí mismo es otro de los aspectos que diferencia a la adolescencia de otros períodos del desarrollo.

Estas nuevas aventuras introspectivas forman parte de la expansión de la conciencia de sí mismo. Sin embargo, a menudo están distorsionadas por el egocentrismo adolescente. Suelen considerarse a sí mismos como mucho más significativos en el plano social de lo que son en realidad. Los adolescentes más jóvenes tienden a suponer lo que los otros pueden estar pensando.

  • La primera creencia falsa es la fábula de la invencibilidad, la idea de que ellos no pueden ser vencidos y ni siquiera dañados por algo que podría derrotar a cualquier mortal. También están convencidos de que nunca serán victimas, como los demás, de las conductas peligrosas que asumen (como por ejemplo conducir de forma temeraria o consumir sustancias).

  • Un segundo desliz lógico es la fábula personal: los adolescentes imaginan que sus propias vidas son únicas, heroicas o incluso legendarias.

  • La tercera conclusión falsa es la audiencia imaginaria, la cual surge de la suposición de muchos adolescentes de que las demás personas están tan atentamente interesadas en ellos como lo están ellos mismos. Como consecuencia fantasean acerca de cómo reaccionan los otros a sus apariencias y su conducta, llegando en algunos casos a obsesionarse con su imagen antes de aparecer en público.

Las diversas formas que pueden tomar el egocentrismo adolescente son las formas más obvias del pensamiento intuitivo y emocional. En cada edad, las personas tienden a atribuirse el mérito de las cosas buenas que les ocurren y a evitar culparse por cosas malas. Esta tendencia les permite evaluarse a sí mismos de un modo más favorable que a sus amigos, a sus amigos de un modo más favorable que a otros de su misma edad y así sucesivamente.

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